domingo, 22 de enero de 2012
Domingo 5 AM
viernes, 6 de enero de 2012
Él
Él es blanco, muy blanco. Transita por la vida como si las leyes de gravedad no le fueren aplicables. Su grandeza no llega al punto de no encajar con su contexto. Quizás encierre dentro de si luchas que jamás serán ganadas. Se llevará a la tumba historias de dolor, ausencias, responsabilidades, falsas promesas y excesos. Sin embargo, su capacidad de llevar una sonrisa a cuesta es directamente proporcional a la de generarle una sensación placentera a mas de uno. Esta ambivalencia presente desde chico en su vida se refleja en su andar, sus estados de ánimo, su vestimenta. Se destacan sus llamativas vinchas, ya sean blancas, turquesas, rojas o negras. Ellas suelen decir que les quedan bien. En todo caso, a él le importa poco y nada. Tal vez porque cuando estuvo en la mala casi nadie le fue a preguntar cómo le quedaba esa situación.
lunes, 28 de noviembre de 2011
Malditas vestiduras
Buenos Aires. Últimos días de Noviembre. Temperaturas altas se adueñan de las calles. Basta con estar algunos minutos sin una eficaz defensa ante el calor (llamesé aire acondicionado, ventilador, etcétera) para que la ropa se convierta en una insoportable compañía para nuestra piel. En este contexto, decidí rever Un Perro Andaluz, de Luis Buñuel y Salvador Dalí.
La confluencia de dos sueños fue el motivo original de uno de los cortometrajes más relevantes de la historia del cine. Mientras en el subconsciente de Buñuel una nube tapa la luna al tiempo que una navaja rebana el ojo de una mujer, ocho años después Dalí deposita hormigas en la mano derecha de un ciclista reanimado de una amable mujer. Así, el surrealismo se plasma de manera categórica a través de relaciones asociativas en las que los deseos y las necesidades que salen de nuestras entrañas (significados por el sexo en este caso) se ven reprimidas por las tres grandes cargas que le impone la sociedad occidental al hombre común de la época (el film data de 1929): la iglesia, el ejército y el estado. Tras semejante declaración de principios, no resulta raro que sea la mano derecha la que Buñuel y Dalí hayan decidido habitar de molestos insectos. Malditas vestiduras.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Parallel Universe
Domingo. Nueve de la noche. Las luces se apagan, seis tipos (de los cuáles la mayoría de la gente registra solamente a cuatro, quizás tres) se suben al escenario y, sin saludar al público, cuál monarcas, empiezan a tocar. El efecto utilizado sobre la voz del cantante en los versos del primer tema confunde a algunos desprevenidos. Mientras tanto, uno siente que lo que está experimentando con todos sus sentidos no es real, pero no piensa demasiado en ello y se deja llevar por los siguientes cien minutos. Por más que hubiese querido, no podía parar con la locura que le provocaba lo que pasaba arriba del escenario. El cantante me habla de Charlie. Minutos después me doy cuenta que estaba lejos de lo cotidiano, estaba en otro sitio. Miraba a mi alrededor, no podía encontrar a Dani, probablemente se quedó debajo del puente. Me aconsejaron que para fabricar fe me es conveniente deshacerme de mi televisión. Algo de razón tienen, me la pasaba viendo las aventuras de Maggie y Justo a tiempo. ¡Qué desperdicio! Nuestra sangre necesita azúcar, sexo y magia para poder elevarnos. No podemos vivir de los que nos quiere vender Hollywood. A propósito, los tipos llevan un tiempo dando el show de esta noche y consideran pertinente un brevísimo descanso.Luego del descanso y un pasaje percusivo, el cantante nos ordena bailar como si estuviéramos en un universo paralelo, para sacar la basura terrenal afuera. La descarga es enorme. El nivel de satisfacción, inmenso. El cantante considera que la misión está cumplida y se retira. Minutos después hace lo mismo el resto de la banda. Pasado todo, había que volver a lo terrenal. En el fondo, pienso que ellos de alguna manera me cuidan. Por eso no me dejan estar tanto tiempo en su universo. Para que después la vuelta a donde uno pertenece no sea tan dura.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Ojos Rosas
El juego de luces también provocaba lo suyo. Mientras la mayoría de las féminas parecían tener ojos rosas, el techo del mismo parecía un enorme cielo azul, tan azul como su vestimenta. Esa noche de enero la temperatura era muy alta. La disco parecía un sauna.
Tiempo después, el sonido de flauta sampleada dejó lugar a un tecno con tracción a sangre, donde él dejo su ego en un trago de Gin & Tonic para bailar en forma desenfrenada, alocada…ustedes entenderán. Para algunos sería un goce triste, pero él disfrutaba de olvidarse por un rato de sus campos mentales, con los problemas de cada una de las estancias de responsabilidades, vacíos y anhelos.
En forma confusa, él empezó a sustituir el aroma a humo filtrado con porro típico de estos lugares por otro que en ciertas circunstancias termina siendo mucho más insano, planteo que nuestro protagonista no tenía la capacidad y el deseo de realizar en ese momento.
Este cambio en el principio-guía de su olfato probablemente haya alterado la concatenación de hechos subsiguientes que le tocó vivir. Lo único de lo que hay certezas es que después de una noche tan azul, el amaneció naranja.